Toda institución tiene un comienzo. A veces nace de una gran decisión y otras, de pequeños encuentros entre personas que comparten una misma inquietud. La historia del Colegio de Podólogos de Entre Ríos también comenzó así: con profesionales que entendieron que la podología necesitaba crecer, organizarse y ser reconocida como una verdadera profesión vinculada a la salud.
Para comprender aquellos primeros pasos hay que mirar un poco más atrás. En 1968, en Buenos Aires, comenzó a tomar forma un proyecto que marcaría un antes y un después para la podología argentina. A instancias de la Asociación Argentina de Pedicuros, el Prof. Dr. Antonio M. Sánchez y el Prof. José Spátola impulsaron la creación de un curso universitario de Podología en la Facultad de Medicina de Buenos Aires. El 17 de diciembre de 1968 ese proyecto se convirtió en realidad. Aquel curso, que inicialmente contaba con 300 horas curriculares, significó mucho más que una instancia de formación. Fue el comienzo de un camino hacia una profesión cada vez más preparada, científica y vinculada con el resto del equipo de salud. Con el paso de los años, la podología fue obteniendo mayor reconocimiento. En 1973, el Decreto N.º 1424 reconoció a la podología como una actividad de colaboración de la medicina, incorporándola al marco de la Ley 17.132. La profesión comenzaba a dejar atrás la imagen de un oficio para avanzar hacia una actividad sanitaria con formación, responsabilidades y normas propias.
Entre Ríos: la necesidad de estar unidos
En nuestra provincia, los podólogos también comenzaron a comprender que el crecimiento profesional necesitaba de una institución que los representara. Así fue tomando forma el Colegio de Podólogos de Entre Ríos. No fue solamente la creación de una estructura administrativa. Fue la construcción de un espacio común: un lugar donde los profesionales pudieran encontrarse, organizarse, defender el ejercicio de la profesión y, fundamentalmente, trabajar para mejorar la atención de los pacientes. La colegiación significó asumir que ejercer una profesión de salud también implica responsabilidades frente a la sociedad. Con la **Ley 8179**, el Colegio comenzó a tener un marco legal propio y una organización institucional que permitió consolidar su funcionamiento. Las asambleas, las autoridades, la matrícula, las normas profesionales y las decisiones colectivas fueron dando forma a una institución que, con el tiempo, se convertiría en parte importante de la historia de la podología entrerriana.
Los años fueron pasando y la profesión cambió. Cambió la forma de estudiar. Cambiaron las herramientas. Cambiaron los conocimientos científicos. Cambió también la mirada de la sociedad sobre la importancia de la salud de los pies. La formación en podología fue evolucionando para acompañar esos cambios. Aquel antiguo curso universitario de 300 horas fue atravesando diferentes modificaciones hasta llegar, en distintas universidades del país, a carreras de grado con el título de "Licenciado en Podología". Y el Colegio también tuvo que acompañar esa transformación. De aquella primera necesidad de reunir y representar a los profesionales se pasó a una institución con nuevas responsabilidades: promover el ejercicio ético de la profesión, establecer criterios, acompañar a los matriculados, defender sus derechos y buscar nuevos espacios para la actividad podológica. Porque la historia de una profesión no se escribe solamente con leyes y reglamentos. Se escribe también con los nombres de quienes estuvieron allí. Con los colegas que dedicaron horas de su tiempo a participar de reuniones. Con quienes ocuparon cargos. Con quienes asistieron a las asambleas. Con quienes enseñaron. Con quienes defendieron la profesión cuando todavía era necesario explicar por qué el cuidado de los pies era parte de la salud. Y también con cada paciente que confió en un podólogo.
Con el tiempo, el Colegio fue consolidándose como un punto de encuentro de profesionales de toda la provincia. Los registros institucionales muestran podólogos matriculados en Paraná, Concordia, Gualeguaychú, Concepción del Uruguay, Diamante, Rosario del Tala, Urdinarrain y distintas localidades entrerrianas. Eso demuestra algo importante: la historia del Colegio nunca fue solamente la historia de una ciudad. Fue y es la historia de una profesión que se extiende por toda Entre Ríos. Cada consultorio, cada atención domiciliaria y cada localidad forman parte de ese mismo recorrido.
Pero crecer también significa enfrentar nuevos desafíos. La profesión comenzó a buscar una mayor inserción dentro del sistema de salud, incluyendo obras sociales, mutuales, sindicatos e instituciones públicas y privadas. Documentos del propio Colegio reflejan ese objetivo de ampliar los espacios de trabajo profesional y generar nuevas posibilidades para los matriculados. También aparecieron nuevos debates. En 2023, el Colegio impulsó gestiones para promover un proyecto de ley sobre el ejercicio profesional de la podología en Entre Ríos, buscando continuar fortaleciendo el marco que regula la actividad. Esto demuestra que una institución no llega a un punto final. Cada generación recibe una historia que otros comenzaron y tiene la responsabilidad de continuarla.
Hoy, el Colegio de Podólogos de Entre Ríos tiene su sede en la ciudad de Paraná y continúa trabajando como institución representativa de los profesionales de la provincia. La realidad actual es muy diferente de aquella de los primeros años. La podología cuenta con mayores conocimientos científicos, nuevas tecnologías, profesionales con una formación cada vez más amplia y una sociedad que comprende mejor la importancia del cuidado de los pies. Pero hay algo que permanece. La esencia. El compromiso de cuidar. La responsabilidad de ejercer correctamente. El respeto por el paciente. La necesidad de seguir aprendiendo. Y la convicción de que ninguna profesión crece sola.
Si pudiéramos sentar alrededor de una misma mesa a quienes dieron los primeros pasos y a quienes hoy forman parte del Colegio, seguramente encontraríamos muchas diferencias. Cambiarían las herramientas. Cambiarían las formas de estudiar. Cambiarían las tecnologías. Cambiarían las palabras. Pero habría algo que todos reconocerían. El deseo de que la podología sea cada día una profesión más respetada, más preparada y más integrada al sistema de salud. Porque la historia del Colegio de Podólogos de Entre Ríos no pertenece solamente a quienes ocuparon cargos directivos. Pertenece a todos los que alguna vez levantaron la bandera de la profesión. A los que estuvieron en los comienzos. A los que continuaron el camino. A los que atravesaron épocas difíciles. A los que participaron en asambleas y reuniones. A los que formaron nuevas generaciones. A los que atendieron a sus pacientes con dedicación. Y a quienes hoy siguen trabajando para que la profesión tenga un futuro todavía mejor. El pasado nos explica. El presente nos compromete. Y el futuro todavía está por escribirse.